Orejas

OREJAS

¿En qué consiste la Otoplastia o reducción de orejas?

La otoplastia u operación de orejas es una intervención quirúrgica que, con los avances técnicos, se ha conseguido que sea mínimamente invasiva. Habitualmente, se realiza de forma ambulatoria con anestesia local. La anestesia general solo se aplica para intervenciones complejas o por las características del paciente. En ocasiones, para personas que les pueda generar estrés o con niños muy nerviosos, se suele utilizar la sedación.

En general, las incisiones en la otoplastia se efectúan en la parte posterior de la oreja y, luego no suelen apreciarse. Son cicatrices de pequeño tamaño que curan bien. El tipo de sutura que se suele realizar es intradérmica y reabsorbible, por lo que no suele ser necesario tener que retirarlos. Sin embargo, es conveniente que el médico controle este extremo y use la tipología de sutura que considere más apropiada.

Su objetivo es corregir deformaciones o anomalías. Las intervenciones más frecuentes suelen ser para reposicionar la oreja respecto a la cabeza y las de reducción de tamaño por ser demasiado grandes. En los últimos tiempos también se practican muchas intervenciones para soslayar las dilataciones efectuadas en los lóbulos o para lóbulos rasgados.

El resultado se encamina a recuperar una armonía estética y la simetría en el rostro. Por esta razón, en ocasiones puede ocurrir que un defecto solo aparezca en uno de los pabellones, pero se opte por intervenir en los dos. En cualquier caso, es un proceso sencillo y poco traumático para el paciente.

Antes de proceder a la intervención, el cirujano plástico valora al paciente y decide la técnica más conveniente en ese caso concreto. Suele pedirle un estudio analítico prequirúrgico, así analiza el estado general de salud. También puede estudiar el historial médico y solicitar una valoración cardiológica.

Es posible que el especialista proponga algunas recomendaciones los días previos a la intervención. Por ejemplo, puede pedir que suprima la ingesta de aspirinas o de vitamina E. Si se fuma, también puede solicitar que se suprima o reduzca mucho su consumo porque la nicotina dificulta una buena cicatrización.

Suele indicarse al paciente que asista en ayunas la mañana de la intervención y que firme un documento de consentimiento. Se trata de un formulario general obligatorio y que no reviste de mayor importancia. Asimismo, se le aconseja que acuda acompañado de un familiar o amigo como ayuda y precaución.

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¿A quién está dirigido este tratamiento?

La otoplastia es, tal vez, el único tratamiento estético que se puede practicar en niños pequeños. En estos pacientes, conviene que los padres observen sus reacciones y cómo les afecta para decidir una intervención sin forzarlos. Lógicamente, deben ser niños sanos sin enfermedades asociadas.

En cuanto a los adultos, este tratamiento está dirigido a todas esas personas que no están contentas con sus orejas, ya sea por su forma o por su posición. También deben gozar de buena salud y no padecer ninguna enfermedad. Se aconseja que cuenten con unas expectativas realistas sobre el resultado que obtendrán.

Es importante el uso de estas técnicas en personas ya maduras que poseen orejas grandes. Es una manera de rejuvenecerlas, puesto que la edad suele deteriorar y agrandar esta parte del rostro. Al estar tan poco contraindicadas y poseer una recuperación tan sencilla y rápida, no entraña mayores dificultades su utilización.

Duración

La otoplastia es una intervención bastante rápida en general. Requiere de una a tres horas aproximadamente. Sin embargo, dependiendo de la complejidad del caso concreto, este tiempo puede incrementarse. En cualquier caso, no es una operación que requiera mucho tiempo, así como su posoperatorio.

Respecto a este, requiere vendaje o banda elástica durante dos o tres semanas y tomar algunas precauciones, como que no le dé el sol a la cicatriz. Los puntos de la cicatriz se retiran entre los siete y diez días después de la intervención, mientras que el resultado óptimo se empieza a apreciar entre los tres y los seis meses posteriores, siempre según el tipo de corrección que se haya debido realizar.

En ocasiones, tras la operación, se produce una inflamación en la zona. Generalmente, en pocos días suele recuperarse, pero otras puede tardar un par de semanas o tres. Pueden aparecer otros efectos, aunque estos son mucho más raros y poco habituales que pueden retrasar la recuperación, como que se infecte uno de los puntos.

¿Cuánto cuesta una otoplastia?

Es muy difícil decir un precio, pues todo depende del tipo de intervención y si ha sido necesario operar una o las dos orejas. Por regla general, el precio de la corrección de orejas despegadas o de Stahl oscila entre los 2000 y 3500 euros. Sin embargo, esto varía de una clínica a otra.

También hay que tener en cuenta si el paciente necesitará hospitalización o no. En cualquier caso, no suele haber sorpresas en ese sentido, ya que todos los profesionales suelen realizar presupuestos personalizados y la mayoría de clínicas suelen establecer facilidades para su financiación.

¿La otoplastia es dolorosa?

No se caracteriza por ser una intervención especialmente dolorosa. Sin embargo, sí causa molestias. Tras la intervención, además de inflamación, puede manifestarse cierto dolor. El médico prescribirá lo adecuado en cada caso. Generalmente, unos analgésicos suelen ser suficientes durante unos días.

¿El postoperatorio de una operación de orejas es sencillo?

No solo es sencillo, sino que también es rápido. Por lo general, tan solo requiere de un vendaje de presoterapia durante tres o cinco días o hasta la retirada de los puntos. Este vendaje suele ser fuerte para evitar la formación de hematomas y, además, impedir infecciones. Posteriormente, y durante dos o tres semanas, según cada paciente, se cambia por una banda elástica liviana o un vendaje ligero.

El médico puede aconsejar no realizar esfuerzos y suspender las actividades deportivas durante unos días según la evolución. Se debe descansar lo suficiente y tomar precauciones a la hora de dormir. También puede prescribir algún antibiótico con carácter preventivo para evitar infecciones. A pesar de todo eso, se puede llevar una vida prácticamente normal desde el principio.

Los efectos secundarios considerados normales van desde un dolor de leve a moderados durante unos días hasta una sensación de hormigueo que también desaparece en poco tiempo. Puede disminuir la sensibilidad de la zona, aparecer edemas o hematomas, picor, etcétera. Por otro lado, según el tipo de intervención que haya sido necesaria, puede ser visible parte de la cicatriz.

Las complicaciones que pueden aparecer no son diferentes a las de cualquier otra intervención: problemas con los puntos, infecciones, etcétera. En el caso de personas a las que hayan tenido que ponerles una prótesis, pueden darse casos de alergia o intolerancia al material utilizado.

También es importante acudir a cirujanos experimentados para evitar la sobrecorrección. Algunos de los problemas que se derivan de ella son: asimetrías, recolocar las orejas demasiado cerca de la cabeza, etcétera.

¿Qué tipos de orejas existen?

Los tipos de otoplastias que existen dependen del defecto que se pretende corregir:

Orejas despegadas

A nivel médico, se habla de orejas despegadas cuando el pabellón auditivo sobresale más de dos centímetros de la cabeza. Este tipo de intervención es una de las más frecuentes que se demandan. Aunque se realiza a cualquier edad, es cierto que afecta sobre todo a niños y jóvenes por sus implicaciones estéticas.

Consiste en practicar una pequeña incisión en la parte posterior de la oreja. Desde ese punto, se remodela el cartílago o se recorta y se le proporciona la forma deseada. La cicatriz queda oculta tras el pabellón y es inapreciable. Se trata de una intervención muy sencilla que requiere poco tiempo de recuperación.

 

Orejas de Stahl

Las orejas de Stahl se caracterizan por presentar una extrema delgadez del cartílago o que este acabe en punta. De esta manera, se suele producir una alteración de la curvatura natural del pabellón. Las motivaciones para solicitar este tipo de intervención se producen por razones estéticas.

La técnica que se utiliza es similar a la anterior. Se practica una pequeña incisión en la parte posterior de la oreja desde la que se accede al cartílago. El especialista lo dobla hasta que adquiere el ángulo deseado y se sutura. La cicatriz queda oculta y resulta inapreciable.

 

Criptotia

Esta deformación es menos frecuente. Consiste en la existencia de una depresión en la parte superior del pabellón. La oreja, en este caso, queda parcialmente oculta. Además, suele acompañarse de un escaso grado de separación de la cabeza. Esto hace que requiera una doble reconstrucción, tanto de forma como de posición.

Dicho así parece algo muy complejo, pero se trata de una intervención sencilla que tampoco reviste mayor dificultad. El cirujano determinará, en cada caso, la manera de acceder para la corrección. La recuperación es rápida y las cicatrices quedan ocultas o perfectamente disimuladas.

 

Microtia y anotia

Este es un caso ya más complejo y que puede revestir serias complicaciones o consecuencias si no se interviene. De hecho, puede bloquear el canal auditivo. En estos casos, la oreja es pequeña porque no se ha desarrollado lo suficiente. Por sus características, lo habitual es corregirlo de niños. La edad idónea son los seis o siete años e, incluso, los diez, para dar tiempo a que genere más cartílago y resulte más sencilla la intervención.

Puede ocurrir que el paciente haya nacido sin orejas porque no llegaron a formarse. En estos casos, se habla de anotia. Este tipo de deformaciones tienen carácter congénito y se producen en las primeras semanas del embarazo. Suele establecerse una relación en madres que han padecido ciertas enfermedades, como la rubéola, o tomado medicamentos, como la talidomida.

Es una intervención con un mayor grado de complejidad. El cirujano plástico necesita realizar una reconstrucción y, para ello, debe utilizar implantes. Si puede, forma la nueva oreja a partir del material cartilaginoso del propio paciente. En el caso de que no sea posible, suele colocar una prótesis de material plástico.

¿En qué casos entra la otoplastia por la Seguridad Social?

Ni la Seguridad Social ni los seguros médicos privados realizan otoplastias por razones exclusivamente estéticas. Para eso, hay que buscar la ayuda y asesoría de un cirujano plástico. Sin embargo, nuestro sistema público de salud cubre este tipo de intervenciones en tres supuestos:

  • La deformación puede causar problemas psicológicos a quien la padece. En este caso, su pertinencia deberá ir avalada por un informe psicológico. Hay que tener en cuenta que, en niños y jóvenes, pueden generar complejos e, incluso, ser estigmatizados entre sus compañeros por la forma de sus orejas.

 

  • La reconstrucción viene motivada como consecuencia de un accidente o de una agresión. En estos casos, el sistema nacional de salud suele intervenir, atendiendo a los pacientes y minimizando las secuelas sobrevenidas sin mayores problemas.

 

  • La mala disposición del pabellón auditivo es tal que puede causar problemas de salud al paciente. Ocurre, por ejemplo, con la criptotia o la microtia. Son malformaciones que pueden implicar el bloqueo del canal auditivo u otras dolencias. En cualquier caso, necesita un informe médico al respecto.
Reparación de dilataciones

¿Se puede hacer con una otoplastia?

En el ejemplo de las dilataciones, generalmente, lo que está afectado es el lóbulo. La intervención adecuada es la lobuloplastia. Es un tipo de otoplastia que reconstruye esa zona de la oreja. Se trata de una operación sencilla y rápida, de carácter ambulatorio. No se limita solo a cerrar la dilatación, ya que a veces es necesario acortar el lóbulo. Su duración suele ser de 20 a 40 minutos.

La intervención consiste en una serie de suturas e incisiones para reconstruir el lóbulo. Las cicatrices son casi invisibles porque se disimulan con los pliegues de la propia oreja. No está indicada exclusivamente para personas que se han practicado dilataciones, también se utiliza para rejuvenecer el lóbulo y corregir el paso de los años. Su recuperación es rápida y, normalmente, en el plazo de un mes, ya se pueden utilizar pendientes de nuevo.

Tipos de orejas

Las tipologías de orejas existentes se pueden clasificar en función de sus dimensiones, su forma y su proyección. En algunos casos, incluso se puede dar la combinación de dos defectos distintos. Estos defectos pueden contemplarse en una sola oreja o ambas. A continuación, hacemos un repaso de las diferentes anomalías que se pueden manifestar en las orejas.

Por lo que respecta a su tamaño, existen orejas largas, medias y pequeñas. En cuanto a sus formas, las hay redondeadas, verticales, puntiagudas, con el lóbulo prominente y el de caracol e inclinadas. Finalmente, por cómo se proyectan, son reconocibles las pegadas y las separadas.

Cuando se trata de corregir los defectos de las orejas, hay ejemplos en los que se suelen justificar las intervenciones. Es, por ejemplo, el caso de las despegadas. Se encuentran demasiado separadas de la cabeza, lo que afecta a la autoestima. Se trataría de reducir la visibilidad de estas orejas de soplillo. La otoplastia sería la intervención más recomendable para este inconveniente.

La criptotia implica una gran inclinación de las orejas. Se da cuando el borde superior se observa excesivamente pronunciado. Tener las orejas demasiado pequeñas puede generar que se bloquee el canal auditivo. Esta microtia ha llegado a manifestarse incluso en la ausencia de orejas.

Igual que en la criptotia y microtia, la otoplastia es la solución preferente para las orejas puntiagudas. Son las que parecen de elfo. Por su parte, las anomalías en el lóbulo requieren lobuloplastia. Estas alteraciones pueden ser congénitas, pero también haberse producido tras accidentes o usos disfuncionales de pendientes

Tratamientos y operaciones para las orejas

Moldeado de orejas
Vale la pena comenzar por las opciones que no requieren pasar por quirófano. Una clásica, ya en desuso, era el entablillado. Se llevaba a cabo en bebés recién nacidos para corregir sus orejas de soplillo.

Un método que bebe del anterior es el moldeado. Consiste en colocar un receptáculo de silicona blanda alrededor de las orejas. Mediante unos retenedores, se irá dando forma al cartílago. Hay que mantener este dispositivo pegado con cinta adhesiva durante mes y medio. Esta opción solo puede realizarse antes de que el bebé cumpla tres semanas.

Earfold
Se presenta en estas líneas otra alternativa que no requiere cirugía. Solo hacen falta veinte minutos con el fin de obtener resultados para toda la vida. Se tiene que realizar una incisión de únicamente 4 mm para introducir una especie de grapa.

Esta grapa está hecha de materiales como el oro macizo (en su recubrimiento) y la aleación de titanio y níquel. Una vez se cierra mediante sutura, va a permitir un pliegue extra en la oreja. De esta forma, se pega y se alinea con naturalidad la oreja.

Otoplastia
Se revela como la más tradicional y efectiva operación quirúrgica para la remodelación auricular. Su naturaleza va a depender del defecto concreto que se deba subsanar. No obstante, su metodología consiste siempre en la realización de una incisión para la extirpación de una parte del cartílago. Anteriormente, este ha sido esculpido con la intención de lograr la forma deseada. Se administran anestesia local y sedación.

En función de las necesidades de la operación, esta puede tardar más o menos. Lo normal es que dure entre 45 y 90 minutos. Una vez concluida, solo queda una ligera cicatriz tras la oreja que, durante los primeros días, deberá estar cubierta con una cinta. Es posible reincorporarse a la rutina habitual en pocas jornadas.

Lobuloplastia
Por su parte, la lobuloplastia supone una intervención más específica. Como su propio nombre indica, pretende la remodelación del lóbulo. Puede, por ejemplo, recomendarse en casos de lóbulos rasgados. Se producen cuando se ha alargado excesivamente el agujero del pendiente, lo que puede romper pieles de esa área.

Una vez se han quitado los tejidos desgarrados, se procede a reconstruir totalmente el lóbulo. Esta operación dura alrededor de una hora, en la que solo se precisa anestesia local. En unos cinco días, el intervenido está en disposición de retomar sus actividades comunes.

En definitiva, las disfunciones en el aspecto de las orejas tienen solución. Así, se mejora su estética, lo que potencia la autoestima de los afectados. Por lo general, estas reconstrucciones implican pasar por el quirófano. En este sentido, resulta imprescindible informarse a conciencia sobre la calidad y experiencia del cirujano plástico. Se trata de operaciones que, para ser seguras, requieren pericia y unas condiciones óptimas.